Lisardo Enríquez L.*

Angélica López Trujillo
 
Un mundo de imaginación temprana, de sueños fantásticos a lo largo de su vida y de recuerdos transformados en obra literaria, han acompañado a una mujer vivencial y creativa que en El vuelo del colibrí, como en anteriores libros, deja su calidad y claridad de escritora. Se trata de la maestra Angélica López Trujillo, originaria de Ciudad Mendoza, Veracruz, quien guarda un tesoro encantado que poco a poco ha ido mostrando a los lectores a través de páginas llenas de ternura y de candor.
En este libro la autora se interna en el espíritu del niño en cuentos y obras teatrales. Se trata del mismo espíritu que ella ha sabido conservar. Por esa misma razón, estas piezas constituyen un material precioso para maestros y alumnos de preescolar y primaria, así como para promotores de teatro infantil y de lectura. Por cierto, la educación en estos niveles precisa de oportunidades más continuas para que los niños expresen y desarrollen su natural curiosidad y creatividad. El cuento y el teatro para niños son un elemento propicio para ello.
El vuelo del colibrí, el vuelo a la imaginación, consta de cuatro partes generales: la primera de 12 cuentos, unos que se pueden definir como cuentos para niños y otros que son cuentos de infancia; la segunda parte incluye 5 relatos breves que son una recreación con historias amenas y al mismo tiempo fantásticas. La fantasía es el hilo conductor de toda la obra; la tercera contiene un primer bloque de 8 obras de teatro bellas y sencillas; la cuarta y última parte está integrada por otras 6 obras de teatro. Los cuentos para niños y las obras de teatro son ideales para su utilización con niños de entre 4 y 8 años por lo menos.
Más allá de la fantasía de duendes, hadas, gnomos y otros personajes de la imaginación humana, que aparecen en un acto mágico en las páginas de este libro, la autora de estas piezas literarias, como maestra que es, va también a hacer conciencia sobre los problemas y necesidades del género humano. Así, aborda temas de la ecología y de los valores como la libertad, la felicidad y el amor.
Cito un párrafo del cuento Felipillo sin camisa, como muestra de la belleza de las composiciones que los lectores encontrarán al adentrarse en este libro, dice así: “Sonaron las fanfarrias por segunda vez anunciando la llegada de la reina de las flores vestida con pétalos de rosas y una corona de perfumados jazmines. Le acompañaban varias carrozas de cristal llenas de claveles, nardos, buganvilias, violetas, geranios y begonias”.
Angélica López Trujillo es una atenta observadora; es una persona que guarda los mejores recuerdos de su infancia, es una amante de los niños, de la naturaleza y de las cualidades más positivas -las que deben ser el mejor garante- de los seres pensantes, es decir, de los humanos. Tal vez por esto último es que tiene un corazón de niña con elevada dosis de ternura que le permite surcar el cielo al infinito en un vuelo con alas tornasoles de colibrí.




Introducción

Amanece, el rocío llena de perlas mi pequeño jardín.
Los lirios han terminado de florecer… los añoro.
El tulipán lleno de flores amarillas, resbala por sus lustrosas hojas, las últimas gotas de la lluvia. Al pie de este árbol ha florecido un rosal. Una rosa está mirando al cielo convidándole su esplendor. Más abajo están tres capullos escondiendo sus rosados botones que son una promesa de belleza y perfume. El viento fresco de la mañana los arrulla y ésta, con su regadera de cristal va poniendo besos de coral en la seda  de sus pétalos que se adormecen con tan bella caricia.
De pronto, como un arcoíris majestuoso, inunda de colores el jardín un colibrí. ¡Que anhelo de acompañarlo a libar el néctar de los rosales! Mis ojos irradian felicidad. La magia y la ternura de la avecita me trasportan al mundo del colibrí. Vivo el sortilegio de ser acuarela de su plumaje, y abanico vibrante de sus alas. Percibo que todo su ser se ha unido al mío para escribir con una de sus plumas, en las noches de luna, canciones y amores de buena fortuna y a la luz de las estrellas canciones de cuna y cuentos de armiño para todos los niños que anidan en su corazón, como un bello rubí, el espíritu delicado de un colibrí.&






Angélica López Trujillo
Semblanza

La profesora Angélica López Trujillo nació en Ciudad Mendoza, Ver; antes Santa Rosa de Lima.
Maestra por vocación proyecta su vida a la docencia, enfocando su quehacer educativo al área rural en donde conoce la dolorosa problemática de la mujer que no sólo está en garras de la miseria y de los prejuicios de la cultura machista que la hace ignorar de su existencia.
Por tal razón en su libro de Paradigmas enlaza su literatura  con historias de mujeres que vivieron situaciones semejantes pero sacaron el coraje para romperlos.
A su llegada a Xalapa encuentra a féminas  que viven ignoradas, en condiciones de violencia extrema, pero con un afán de lucha quijotesca, para cambiar el panorama se organizan y las acompaña un espíritu valiente para lograr sus derechos como mujeres naciendo así El frente organizado de mujeres en colonias de Xalapa presidiendo esta organización, como gestora.
Así se tramitan servicios comunitarios: agua, luz, drenaje y la escrituración de sus lotes.
Con el apoyo de diversas instituciones se funda El centro  de capacitación “Joel Medel Valencia”.
El SUTERM donó un aula prefabricada para tal fin en coordinación con el programa de COFAX. Poniendo en funcionamiento un dispensario médico gratuito.
En coordinación con la UV se pusieron talleres de teatro,   danza  y  música.  Con IVEA estudios para hacer la primaria para jóvenes que trabajaban.
Como maestra, su vida ha estado ligada a la problemática social de donde han nacido sus libros: Un regalo del tiempo, que contiene remembranzas de su niñez y juventud; Corriendo tras el viento, el cual incluye cuentos variados y; Paradigmas, integrado por historias de mujeres de sectores de población marginada de la región de Xalapa. Ha escrito obras de teatro infantil que han sido puestas en escena en instituciones y centros culturales.
Fundó varios círculos de lectura: Telesecundarias, Aldea MECED- y Asistentes Educativas- DIF Xalapa.
Ha participado en Cafés literarios y en certámenes de oratoria y poesía.
Ha sido presidente dos veces en El Club Escritoras de Xalapa A.C.
El Centro de Capacitación "Joel Medel Valencia" actualmente apoya a los alumnos que cursan la licenciatura en Protección Civil de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz.


* Prólogo del libro El vuelo del colibrí. De sus páginas se  incluyen algunos cuentos y una obra de teatro, en este número de Cultura de VeracruZ.



Roberto Williams García*

Xalapa
en el espejo de su escudo


 



Jalapa recibe mayoría de edad cuando se le declara villa en 1791, año en que Carlos IV, por su real voluntad, quiere que el referido pueblo sea llamado Villa de Xalapa y como tal se le respete. La categoría de villa le permite privilegios, como el de jurar el ascenso de un rey y el nombrar un ayuntamiento que la gobierne. Además recibe como joya el escudo de armas que bien compendia la botánica intrínseca del pueblo. En la orla del escudo, en fondo de oro, destacan seis letras, nombre del sitio, intercaladas entre seis tubérculos enunciativos de la purga llamada raíz de Jalapa, que tuvo renombre en la farmacopea internacional. Como parangón cabe mencionar que aquí , alrededor de 1890, a fines del siglo XIX, empezó el envasado de un chile regional que tuvo mucha aceptación por su sabrosura. El chile jalapeño se expandió en todo el territorio sur de Estados Unidos, donde los productos alimenticios con leve sabor picante ostentan etiquetas que dicen jalapa flavor.
El reconocimiento de Jalapa como villa en 1791 provino de tardadas diligencias de sus vecinos, que ya desde 1774 habitaban un pueblo próspero surgido del privilegiado comercio mantenido durante más de cincuenta años, contados a partir de 1720 hasta 1776, último año en que Cádiz envió la flota que descargaba en el puerto de Veracruz, de donde la remesa continuaba a Jalapa. Un grabado del señalado año muestra la parroquia de San José, luego otra erecta en la plaza mayor, hoy plaza Lerdo. A un lado del convento de San Francisco se sitúa la iglesia de Santiago y al fondo de la plaza mayor la plaza y casa del Rey, espacio que quedó reducido a plazuela del Carbón, ahora invadida por el llamado “ambulantaje”. También se marcan las garitas de Veracruz y de México, los lejanos molinos en el rumbo de San Bruno y al sur se lee Verros, Ciénega cercana a una alameda y una laguna que bien pudiera identificarse con el actual parque María Enriqueta. Una fuente de agua dulce desciende por lo que más tarde sería la avenida Clavijero.

Para recordar que el poblado elevado a villa había sido teatro de comercio y ferias de flotas, la parte superior del escudo ostenta el capacete y el caduceo de Mercurio. Les acompaña la cornucopia de Amaltea, alusión a la abundancia de vergeles y flores de la nueva villa, donde se habían construido grandiosas mansiones, como el edificio de dos pisos situado en el inicio de la calle Insurgentes, o la casona que se halla, calle de por medio, como sede del Centro Recreativo, la cual fue posada francesa pintada por Rugendas en 1830. En la cuesta de Alfaro permanece a salvo hermosa casona. Hacia 1839, la marquesa Calderón de la Barca escribe que la ciudad “tiene algunas casas amplias y excelentes”. En esos días de esplendor comercial del pueblo el boato lo constituía el derrame de flores. La marquesa las contempla por doquier como si se vertiese sobre ella la cornucopia representada en el escudo de armas de la villa.
Antes de ese período extraordinario de comercio la villa ya tenía prosapia. El poblado se  situaba en la ruta de los Virreyes. Esas autoridades desembarcaban en el puerto de Veracruz, y cabalgaban por la costa hasta la Antigua, de donde ascendían hasta llegar al  descanso en Jalapa, para de ahí  proseguir al lugar donde los aztecas descubrieron el águila, parada sobre un nopal, devorando a la serpiente. El paso por Jalapa lo inauguró Hernán Cortés el 19 de agosto de 1519 en ruta a la conquista de la capital tenochca.
La vida cotidiana de la villa transcurre apacible como su clima. La intervención de Diego Leño resulta tibia en los prolegómenos de la Independencia. El nombre de Jalapa no está asociado a ninguna gran batalla. Los jalapeños son reservados, cautelosos, conservadores. Sin embargo, hay sobrada dignidad cuando la invasión norteamericana de 1847. Diversos viajeros contribuyen con sus testimonios. El diplomático      inglés    Ward,    dentro    de   sus
observaciones sobre la vida política del nuevo país, anotadas en su libro México en 1827 exaltó en Jalapa: “Esta en el centro mismo de uno de los más magníficos escenarios montañosos de que se pueda ufanar el mundo”, elogio que comprobó el pintor alemán Rugendas, enamorado del paisaje mexicano, quien captó la imponente presencia del Cofre de Perote visto desde la prominencia en que se asienta la parroquia de San José. También pintó el elevado convento de San Francisco. Y entro en la Posada francesa para registrar su impresión de una tarde voluptuosa. Eso fue en 1830, y en 1839, cuando se reanudaban las relaciones entre España y México, la esposa del ministro plenipotenciario se embelesaba en las flores pero por encima de ellas, con el paisaje, “… por todos lados se contempla uno de los panoramas montañosos más esplendidos del  mundo”. Utilizó la tonante voz mundo, al igual que Ward, y además señalo que por todas partes. Antes, en 1803, Humboldt había contemplado una panorámica circular, trepado en la torre del convento de San Francisco. Con el tiempo el paisaje a la redonda fue mermando, reduciéndole su condición de atalaya al parque Juárez, construido sobre las ruinas del convento. En 1555 los franciscanos lo habían inaugurado en una elevación dominante. La belleza era indiscutible, pues en 1841 el estadounidense Mayer sintió que el mismo efecto causaban  Nápoles y Jalapa. El parque Juárez construido en 1886 se convirtió en belvedere.
La devoción por la montaña se manifiesta en el escudo de armas. En medio del cuartel principal se alza un racimo de cinco cerros, llamado, en idioma mexicano, Macuiltépetl, emblema de la villa, “a cuyo pie se halla Xalapa” Tal parece que los vecinos promotores del escudo de armas intuyeron que en la ladera oriental se originó la villa, cuando menos un milenio antes de la era cristiana. En el antiguo asentamiento se construyó una pirámide  cerca de una caverna de rituales que hoy han denominado Cueva de la Orquídea, nombre sugestivo que evoca la denominación de Ciudad de las flores.
En el escudo de armas al Macuiltépetl,  lo timbra un hermoso lucero  del cual se especifica “astro que hace a aquel pueblo, o influye un temperamento benigno, apacible y templado”. De manera que el planeta Venus es causa del clima que goza la ciudad. Y Venus viene a ser también una expresión del paisaje jalapeño, pues en ciertas noches derrocha brillantez, que aunada a la blancura de los jazmines y de la luna, han inspirado la canción heráldica de esta ciudad. Es entonces cuando podemos afirmar que hoy 18 de diciembre, aniversario número doscientos diez, del otorgamiento del escudo concedido a Jalapa y del reconocimiento de su categoría política de villa, que el escudo es un documento que transparenta la historia y la belleza de la ciudad, y podemos afirmar también que el temperamento apacible ha dado frutos en las artes. Si bien la ciudad no es famosa por batallas, si lo es por haber sido cuna  del movimiento estridentista o sede del Festival Internacional Pablo Casals; y también por su posesión de bienes culturales  como la magnífica Orquesta Sinfónica de Xalapa, la más antigua del país; el Museo de Antropología, que a la par del Nacional, son dos instituciones iluminantes; su estadio, inaugurado en 1925, que sobresale por su construcción en una formación natural, con vista a la bella ciudad, sin olvidar que en Jalapa se estableció en 1843 un colegio de segunda enseñanza con carácter nacional: el conocido Colegio Preparatorio; la Escuela Normal, fundada en 1886, que fue cuna de la primera reforma educativa nacional. Característica de la ciudad son sus múltiples centros educativos. Y para el cuidado del entorno aquí se estableció un Instituto de Ecología de orden nacional. En resumen, aquella villa reconocida como tal en 1791, llegó a la categoría de ciudad en 1830 y continúa en una ruta de creación nimbada por la excelencia del paisaje, del clima alabado en su escudo y por la inteligencia de quienes la habitan.& 


* Barra de Tampico, 30 de marzo de 1925-Xalapa, Ver., 25 de junio 2008.




In memoriam Hugo Gutiérrez Vega

Guillermo Landa
CONTRA GUIÑO OLVIDOSO


Ningún RITUAL DE EXEQUIAS bastaría para bajar contigo a la callada cripta que guarda tus cenizas.
Mientras tu alma siega vida eterna desenlagriremos todo duelo.


No chiste la canción de despedida si no cantamos como tu cantabas a tus amigos muertos tan queridos. Parvo es el tiempo que me queda de senescencia para que


recuerde tus garbosos poemas, tus joviales reencuentros, tu amistad fortunada, tu saber de “alimentos terrenales”, tu magistral talante y tus corbatas.

¡AGUR POETA! 


Edgar Aguilar

Las serenas

advertencias


El domingo 30 de agosto, se publicó en el suplemento cultural de La Jornada, La Jornada Semanal, un maravilloso texto de Francisco Hernández felizmente intitulado “¡Gutiérrez Vega, a escena!” Feliz porque nos mostraba, en el Acto Primero, a un soberbio y vigoroso Gutiérrez Vega, “disfrazado de malabarista”, interpretando nada menos que al profesor Serebriakov, en esa memorable –opinan quienes la vieron– representación de El tío Vania, de Chéjov.
        El texto de Francisco Hernández, construido como un pequeño y curioso artefacto escénico-poético, se nos manifiesta, precisamente ahora, con la reciente pérdida de Hugo Gutiérrez Vega, como algo extrañamente premonitorio. Uso “extrañamente” en el sentido de excepcional. ¿Acaso una despedida? Tal vez. Hay una fuerza indefinible que enlaza de manera misteriosa, secreta, la vida de algunos hombres. Lo que nos lleva a reflexionar: ¿Por qué apareció justamente ese bello y enigmático texto de Francisco Hernández, con ese título por demás sugerente, casi revelador, a escasas semanas de la muerte del otro poeta?
“¡Gutiérrez Vega, a escena!”, una voz le demanda al también actor. Más, ¿qué voz? ¿A dónde debe de presentarse el poeta? ¿Qué es lo que debe escenificar? ¿La escena de la vida, o de la muerte? En el Acto Segundo, dice Francisco Hernández: “Noche a orillas del río Grijalva, cerca de una iglesia”. Es Villahermosa. Mientras que la escena   –ese espacio  infinito que  es a la vez tiempo suspendido e inabarcable– transcurre cuando “El poeta Hugo Gutiérrez Vega contempla el movimiento de las aguas. Viste ropa ligera, propia de climas cálidos y mira pasar,
con nostalgia, un par de garzas”. José Carlos Becerra se muestra súbitamente ante él. “El poeta tabasqueño le dice al de Lagos de Moreno: –Hugo, tal vez la única realidad sin fisuras sea la del sueño”.
(Tal vez la única realidad sin fisuras/ sea la del sueño./ En él circulan tomadas de la mano/ la muerte y la vida, sentencia, lapidario, Gutiérrez Vega en sus Peregrinaciones). El texto de Francisco Hernández, en constantes alusiones a la muerte (“las curvas de aquella carretera de Brindisi me hicieron destrozarme por completo, fundiéndome con una piedra de tropiezo y un hervidero de gusanos”) se transforma en un diálogo a veces crudo (“Las vejaciones del tiempo nos instalan en el más solemne de los melodramas”), a veces desolador, pero siempre cordial, entre los dos grandes y antiguos camaradas que inesperadamente se vuelven a encontrar en la poesía.
Como si, por obra –y gracia– de Francisco Hernández, José Carlos Becerra, antes de abandonar el escenario, le anunciara a Gutiérrez Vega: “Sube mejor al viejo ferry. Espera el sonido de la sirena”. Sube… espera… espera el sonido… el llamado… “¡Gutiérrez Vega, a escena!” ¿Es allí, entonces, “donde la vida sabe lo que ignoramos”, el sitio donde habrá de representar el poeta la escena definitiva?
Noche oscura la de su partida. Aun así, o por eso mismo, Francisco Hernández concluye, como si de algo presagiara, con voz casi profética: “Las peregrinaciones de Gutiérrez Vega son esparcidas por los vientos teatrales, como serenas advertencias.”  &












Filanta, de Guillermo Landa
Por Victor Vázquez Gandara


Al cuarto para las doce (menos) la mampara del cartel con la imagen de Guillermo Landa estaba siendo colocada por cuatro asistentes de logística, en medio del foro de la Galería de Arte Contemporáneo de la capital veracruzana. Para su fortuna ni las moscas hacían acto de presencia. Tres sillones forrados de piel, al parecer, dos micrófonos dispuestos a recibir al homenajeado con sus anfitriones. Y comentaristas. Agua, iluminación directa. Todo un escenario digno. La hora programada: 12:00. El día, viernes 13. Año dos mil quince.
Dejé apartado mi lugar en la segunda fila de butacas del costado derecho en relación a acceso, creí estaría atiborrado de gente. Salí y en el patio ya se encontraba don Guillermo, Raúl Hernández Viveros quien me invitó y Miguel Alcázar, Esperando a la audiencia. Transcurridos los minutos decidieron dirigirse al interior del auditorio para dar comienzo. Unos cuantos amigos y otros jóvenes "desorientados" ocuparon lugares dispersos, como huyendo unos de otros.
De inmediato, aún acomodándose los protagonistas, el conductor dio la bienvenida en nombre de la institución y del gobierno del estado cediendo la palabra a quien la tomara. Habló breve Raúl Hernández Viveros ante el desconcierto, luego el poeta Guillermo Landa, y por fin sin cruzar palabras acordaron el turno.
Raúl me había informado y publiqué una columna en Diario de Xalapa y Tlanestli sobre el evento en el que se homenajearía al poeta bilingüe. De inmediato pensé en los protocolos fastuosos con la presencia de de las altos funcionarios del gobierno estatal, municipal y por el personaje de que se trata de directivos de educación y cultura. Cámaras de televisión y medios de toda índole.
Por fortuna todo se concretó a una charla entre amigos testificada por curiosos literarios. La foto institucional del recinto cede y lo demás, la paranoica andanada de fotografías con celulares. Un homenaje tal y como debieran ser todos. Contar con la presencia de aquellos que lo sienten sin acarreados innecesarios.
El diálogo fue un recorrido recordatorio de una Face de la vida del poeta huatusqueño relatando aquello que brotaba en el momento, de convivencias mutuas. Raúl específicamente citaba "haberle seguido la pista" y en ese seguimiento surgió Pitol, Premio Cervantes, e implícita, la amistad que une al trio, debido a las vivencias y convivencias. Praga, Checoslovaquia, matanza del 68, Pitol, El Caracol marino, Rafael Delgado, Orizaba, Huatusco Estoy a dos fuegos, expresó el poeta: mi editor y musicalizador.
Raúl Hernández Viveros dijo haber seguido los pasos de Guillermo Landa por Europa y llegó a concluir que la obra del homenajeado serviría para un curso de varios semestres para universidad. Expresó tambien "siento que es un homenaje que le debíamos desde hace años". Creado el ambiente propicio las ideas y recuerdos fueron fluyendo. Como buen escritor Raúl retomó la charla subrayando iniciar con los antecedentes:
"En su poesía no sólo se nota la presencia de Netzahualcóyotl". Refirió sobre “la creación del registro civil por José María Vigil, y de la primera biblioteca en México, los primeros cantores mexicanos. Las  crónicas de Diego Durán, Cantares, bailables, metáforas incomprensibles, y todo eso qué tiene que ver con Guillermo Landa. Son sus fuentes y ya después Sor Juana Inés de la Cruz. Ya situado el personaje -Guillermo Landa-, su lugar natal, muy cerca de Córdoba, Orizaba. El propósito de Porfirio Díaz de blanquear el país con colonias de italianos, la iglesia... hasta llegar a los años 60. 1964 sus primeros poemas, en el Caracol marino de Librado Basilio, La Palabra y el Hombre, y la ruta critica de la CIA, auténtica originalidad shakesperiana... Surge la beca a raíz del 68...Polonia. Varsovia, Paris, Belgrado. Descubrir al grupo templario que los andaban persiguiendo”.
Alcázar record: "llegué a Belgrado dando conciertos". Relaciones publicas contacta con el compositor. Hablábamos él (Guillermo Landa) de una cosa yo de otra. Me enteré que era un poeta. Hubo coincidencias. Lo que pasaba en el mundo occidental. Me mandó un manuscrito del libro. Estrené una ópera... Retomó Raúl señalando que Guillermo habla Náhuatl, polaco surgiendo el chascarrillo de la invasión de Polonia por mexicanos y de México por polacos, esto último aquí en Xalapa. Se habló del amor, Agustín Lara, José Emilio Pacheco, del golem,        Resultado de imagen para Ryszard Kapuściński, desarrollo cultural, noventa mil muertos, letras Palmer, entrar por la bartolina,
La charla entre amigos concluyó sin la tradicional entrega de pergamino, medalla alguno de esos fetiches inventados para eso. El poeta procedió a firmar los cinco o seis libros adquiridos por el selecto publicó, toma de fotografías del recuerdo y la invitación a visitarle en Huatusco, en su casa museo, despidiéndose como cualquier mortal, sin aspavientos, solo acompañado cargando su extraordinaria trayectoria literaria. Esto sucedió durante una parte del homenaje al autor de Frutero y yo, ediciones Cultura de VeracruZ, y Filanta, Instituto Veracruzano de Cultura, 2015.

XX años de Cultura de VeracruZ






Edmundo López Bonilla


En la página número uno, del número 1 (enero de  1996) de  la Revista Cultura de VeracruZ, con viñeta en la portada, de Alberto Beltrán a propósito de la obra del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán; su editor, Raúl Hernández Viveros, a modo de presentación, o manifestación de propósitos dice en su artículo: “Tradición y diversidad de la Cultura de VeracruZ”:
“En base a la tradición y diversidad de las letras veracruzanas, la revista Cultura de Veracruz ofrece su espacio a las principales voces culturales, expresiones artísticas a través de dibujos o viñetas, además del amplio espectro de materias como la antropología, sociología o cuestiones de crítica social que atañen al desarrollo de esta entidad federativa. El pretexto primordial es colocar al principio de un proyecto, determinado nombre a cierta publicación, que pretende ser mensual. El contexto refleja la actividad de los intelectuales veracruzanos, como un respaldo a la entrega de las experiencias vitales a la cultura universal.
“Por lo que en este primer número de Cultura de Veracruz hay una referencia especial al Premio Nobel de Literatura de 1995, Seamus Heaney, incluyéndose un ensayo sobre la realidad de su lugar de origen: Irlanda. Aparte de publicarse un fragmento de su obra poética, como una muestra del carácter universal de estas páginas realizadas desde la capital veracruzana. Además, con motivo del fallecimiento del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán el 8 de enero del presente año, se recoge su discurso cuando obtuvo el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Puebla, en 1992, en un acto de reconocimiento y testimonio hacia un enorme impulsor de la Cultura de Veracruz.
“También se hace la presentación de un grupo de poetas originarios del estado de Veracruz, encabezados por Shara Martínez Vara y Juan Joaquín Péreztejada, quienes son exponentes de la reciente promoción de autores nacidos en esta parte del territorio nacional. En la sección de reseñas, Cultura de Veracruz, ofrece el comentario del crítico argentino Carlos Roberto Morán, donde analiza el número monográfico “La Literatura Veracruzana actual”, realizado en España, en 1995, por las ediciones de Batarro.
“Cultura de Veracruz abre sus puertas a trabajos de investigación, ensayos y obras de creación literaria. En las próximas entregas habrá páginas dedicadas a recopilar materiales de Magno Garcimarrero, Armando Ortiz, Carlo Antonio Castro, Estanislao Barrera Caraza, Magali Velasco Vargas, Rosalba Pérez Priego, Carlos Domínguez Millán, Jaime Renán González Pérez, entre otros autores que viven y trabajan en el estado de Veracruz”.
La cita en extenso, considero, es necesaria por la fidelidad al propósito primordial que animó a Raúl Hernández Viveros. Fidelidad que se ha dado sin fisuras —en lo que refiere a la continuidad; aunque las circunstancias, en ocasiones han retrasado la aparición— a  lo largo de 19 años.
No pretendo hacer la historia de la revista, y reconozco que tampoco tengo la capacidad de crítico, pero como lector he podido constatar que las ediciones han seguido con puntualidad la apertura “a trabajos de investigación, ensayos y obras de creación literaria”, y “expresiones artísticas a través de dibujos o viñetas, además del amplio espectro de materias como la antropología, sociología o cuestiones de crítica social”.
También como lector, son inolvidables los números monográficos: Poeta del Mar,  de Francisco Morosini; La muerte del autor de Armando Ortiz; Nueva York en la literatura norteamericana de José Ortega; Poetas tabasqueños contemporáneos en compilación de Marco Antonio Acosta; Religión, magia y medicina en cinco comunidades Otomíes, estudio de Estanislao Barrera Caraza; Muestra Narrativa Veracruzana. compilada por Armando Ortiz;  Narradores españoles de hoy, compilados por Pedro M. Domene; Poeta en Nueva York de José Ortega; Narradores argentinos compilación de Alberto Espejo; Laberinto de voces de Celina Márquez; La creación Literaria compilación de Raúl Hernández Viveros; Narrativa veracruzana actual compilación de Pedro M. Domene; ¿Quién le pone el cascabel al Oscar trabajo crítico sobre cine norteamericano de Juan Antonio García Borrero, y el poemario Frutero y yo, de Guillermo Landa.
Y la lista  se extiende a remontando los años, en esa recolección de voces que por medio del verso, del ensayo, la narrativa, la reseña, el estudio antropológico o de sociología, la fotografía, el dibujo y la pintura, buscan la comunicación, aunque en el proceso creativo se enfrenten a profundas dudas.  Porque en un sentir personal en la búsqueda del momento, en la aprehensión de la imagen, en la misteriosa entrada a la atmósfera de futuro texto o del proyecto, se está buscando también la trascendencia, por lo que me valgo del siguiente fragmento para ejemplificar este anhelo: “No obstante, mi espíritu sólo se aviene con lo inestable (...) y más que a la encina de fornido gajo, aprendió a amar a la orquídea lánguida, porque es efímera como el hombre y marchitable como su ilusión”. Esta cita de La Vorágine, novela de José Eustacio Rivera, puede servir para definir las motivaciones de la creación porque quien aspira a ella, deberá soportar el peso de la búsqueda: luchar haciendo, para al fin alcanzar el reconocimiento, domeñando sus prejuicios, preferencias e inquietudes, para lograr la estabilidad y no sufrir las aprensiones del personaje creado por el genio de Eustacio Rivera, y todas esas premisas signarán su obra. Pese a este sino inquietante, al escribir música o literatura, esculpir, ejercer la arquitectura o pintar, se trata de mantener lozana la ilusión, capturar el soplo creativo, plasmarlo y dejar que otros espíritus lo disfruten. Y si bien el hombre es efímero y  su ilusión es marchitable, esa languidez  de orquídea queda parcialmente conjurada.
Si bien la creación artística es un acto de amor, también lo es de generosidad porque quien expone su obra al escrutinio público, da también el fruto de sus mejores impulsos. Y al hablar de generosidad, debe tomarse en cuenta la labor de la promoción cultural que se hace contra viento y marea: en contra de los en ocasiones, procelosos vientos y las cambiantes mareas del oficialismo y sus intereses.
Porque las palabras de Lisardo Enríquez son certeras para los afanes de promoción cultural, pero justísimas en el devenir de Cultura de VeracruZ y en la preocupación de Raúl Hernández Viveros: “Todos los proyectos del ser humano requieren organización, perseverancia e inversión de diverso tipo. Los proyectos culturales representan mayor dificultad porque en medios como el nuestro es común que no se les considere prioritarios. No obstante, un ente público dispone muchas veces de recursos económicos, que aunque escasos en ocasiones y tardíos en su suministros, resuelven la posibilidad de llevar a cabo acciones culturales, como es el caso de las publicaciones. Quienes han emprendido la tarea d editar revistas sin un presupuesto económico específico, saben lo titánico que es hacerlo”.
     La revista, y me jacto de decir: “nuestra revista” ha llegado al número 92 con las mismas premisas del número uno y sigue dándonos materiales valiosos. Los últimos números, que ven la luz después de un periodo de estrecheces económicas siguen dando cabida trabajos de escritores mexicanos en los géneros de: ensayo, narrativa, poemas, entrevista, crítica literaria, asuntos de antropología y sociología, asimismo sus portadas siguen siendo muestrario del variado quehacer en las artes plásticas.
Expresiones que felizmente han rebasado el propósito anunciado en el número1 de ser portavoz de asuntos artísticos que “atañen al desarrollo de esta entidad federativa”.
Es difícil decir cuándo se agotará la veta de entusiasmo que ha movido la vida de Raúl Hernández Viveros: esa adhesión fervorosa por la promoción y la difusión de la literatura, de que se contaminó sanamente desde joven, pero que se fortaleció cuando fungió como director de la revista universitaria La Palabra y el Hombre y de la que hace recordación en el número 90, en la entrevista que le hace Edgar Aguilar:
E. A. “—Al concluir tu periodo como director de La Palabra y el Hombre fundaste tus propias publicaciones: Academus y Cosmos ¿Eran éstas revistas exclusivamente literarias?
R.H.V. “—Academus y Cosmos, junto a la revista México Nuevo, fueron publicaciones anteriores a mi nombramiento al frente de La Palabra y el Hombre; aparecieron en los años sesenta y setenta, en aquella etapa cuando conocí a Sergio Pitol. En las tres siempre se dedicó el espacio mayor a las letras, principalmente en Cosmos porque se fundó en homenaje a Wiltold Gombrowicz. Posteriormente,  al poco tiempo de mi salida de la dirección editorial y de La Palabra y el Hombre, inicié el proyecto de Cultura de Veracruz, que desde un principio se concibió como un espacio para los nuevos escritores nacionales y —aunque se contradice un tanto en lo manifestado en la presentación del número 1— de América Latina. Hasta la fecha lleva como subtítulo Revista de Literatura Contemporánea, y es un espacio independiente que lleva más de década y media de sobrevivir en un medio donde lo que menos interesa es el papel de la lectura”.
29 de octubre de 2015